Sobre mí

Fotografía: Luis Malibrán

Teresa Viejo, periodista de formación académica y escritora vocacional, distribuye su tiempo entre la radio, la televisión a ratos, la cercanía con los lectores y sus frecuentes talleres y charlas. Lo suyo es la comunicación con mayúsculas, y en su versión docente descubre sus secretos a quien tenga ganas de sacar lo mejor de sí mism@.

Además su compromiso social le ha llevado a ser Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF, así como de la Fundación A Víctimas de Tráfico.

A veces parezco una funambulista pasando de una cosa a otra como si lanzara naranjas al aire, cruzando los dedos para que ninguna caiga y reviente contra el suelo. Eso y una convencida en la bondad del ser humano. Tengo la certeza de que la mejor búsqueda es la que nos lleva al interior de cada uno. Los paraísos están dentro de nosotros.

Acostumbrada a los focos no concibo mejor luz que la que emitimos nosotros alumbrando el camino correcto, aunque al principio cueste distinguir sus trazos.

En cuanto al periodismo, sus miserias y grandezas pasan por su fragilidad, por la sensación de tener todo en un momento para perderlo al siguiente. Cuando comencé en la tele mi equipaje andaba en tránsito y yo era un proyecto con más dudas que vergüenza que, a veces, resultaba la única mujer entre el los periodistas que cubrían un evento. Como aquella tarde cruzando junto a otros compañeros el estadio Maracaná durante el primer Rock in Río: ellos impresionados por pisar el templo del fútbol y yo porque acababa de entrevistar a Carlos Santana. Detectar lo que me diferencia del otro sexo ha sido una constante en mi vida, eso y un espíritu curioso que no me ha abandonado nunca.

Doy gracias al destino por invitarme a trazar piruetas. A abrir puertas por las que nadie antes había cruzado. A medirme, a aprobar y a suspender –qué suerte la de equivocarse-. Lo mismo capitaneo que soy tropa, disfruto tanto trabajando en equipo como haciéndolo sola. Jamás discuto –no sabéis lo eficaz que resulta la comunicación no violenta- y adoro cooperar. Y me perpetúo en el modo “aprendizaje”.

Por lo demás practico la escucha activa. Disfruto tendiendo una mano a alguien para asegurar que todo saldrá bien y lo hago por egoísmo terapéutico, porque me hace sentir tan plena que no cambio esa actitud vital por nada.

Sé que una sonrisa desencadena un tsunami de amor. Y lo provoco.

Fotografía: Luis Malibrán

Teresa Viejo, periodista de formación académica y escritora vocacional, distribuye su tiempo entre la radio, la televisión a ratos, la cercanía con los lectores y sus frecuentes talleres y charlas. Lo suyo es la comunicación con mayúsculas, y en su versión docente descubre sus secretos a quien tenga ganas de sacar lo mejor de sí mism@.

Además su compromiso social le ha llevado a ser Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF, así como de la Fundación A Víctimas de Tráfico.

A veces parezco una funambulista pasando de una cosa a otra como si lanzara naranjas al aire, cruzando los dedos para que ninguna caiga y reviente contra el suelo. Eso y una convencida en la bondad del ser humano. Tengo la certeza de que la mejor búsqueda es la que nos lleva al interior de cada uno. Los paraísos están dentro de nosotros.

Acostumbrada a los focos no concibo mejor luz que la que emitimos nosotros alumbrando el camino correcto, aunque al principio cueste distinguir sus trazos.

En cuanto al periodismo, sus miserias y grandezas pasan por su fragilidad, por la sensación de tener todo en un momento para perderlo al siguiente. Cuando comencé en la tele mi equipaje andaba en tránsito y yo era un proyecto con más dudas que vergüenza que, a veces, resultaba la única mujer entre el los periodistas que cubrían un evento. Como aquella tarde cruzando junto a otros compañeros el estadio Maracaná durante el primer Rock in Río: ellos impresionados por pisar el templo del fútbol y yo porque acababa de entrevistar a Carlos Santana. Detectar lo que me diferencia del otro sexo ha sido una constante en mi vida, eso y un espíritu curioso que no me ha abandonado nunca.

Doy gracias al destino por invitarme a trazar piruetas. A abrir puertas por las que nadie antes había cruzado. A medirme, a aprobar y a suspender –qué suerte la de equivocarse-. Lo mismo capitaneo que soy tropa, disfruto tanto trabajando en equipo como haciéndolo sola. Jamás discuto –no sabéis lo eficaz que resulta la comunicación no violenta- y adoro cooperar. Y me perpetúo en el modo “aprendizaje”.

Por lo demás practico la escucha activa. Disfruto tendiendo una mano a alguien para asegurar que todo saldrá bien y lo hago por egoísmo terapéutico, porque me hace sentir tan plena que no cambio esa actitud vital por nada.

Sé que una sonrisa desencadena un tsunami de amor. Y lo provoco.

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